En 2010 entró en vigor la norma Euro 5 que exige
a los fabricantes de automóviles instalar entre otros elementos un Filtro de Partículas (FAP) en el
sistema de escape de los motores Diesel.
La función del FAP es almacenar las
partículas de hollín generadas por la incompleta combustión del carburante,
para de ese modo reducir drásticamente el nivel de partículas nocivas emitidas
a la atmósfera.
El FAP es un filtro mecánico,
particularmente eficaz, compuesto de unas celdas tipo “nido de abeja” que atrapa las partículas emitidas durante la
combustión. Éste puede llegar a retener más del 99% de las partículas de la
combustión.
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Filtro de partículas
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Para regenerar el Filtro de Partículas y
evitar la saturación de hollín en su
interior el sistema realiza el proceso de “regeneración”. Este proceso se activa cuando se cumplen determinadas
condiciones técnicas de temperatura y rodaje. Cuando se dan dichas condiciones
la unidad de mando del motor inicia este proceso actuando sobre el sistema de
inyección para elevar la temperatura en el interior del filtro de partículas y
de esa forma quemar el hollín acumulado en él.
Desafortunadamente, en muchos casos en las condiciones actuales de rodaje
(trayectos cortos, motor frío, etc.) no permiten una regeneración adecuada, en
otros casos la regeneración comienza
pero nunca termina porque el usuario detiene el vehículo antes de que
finalice el proceso. En estos casos el filtro seguirá almacenando partículas,
saturándose y reduciendo su vida útil.
Una vez superado el límite de saturación, una
alerta de tipo “Sistema de control de emisiones defectuoso” se envía al conductor acompañado
de la iluminación del testigo correspondiente en el cuadro de instrumentos, pasando (después de un tiempo de rodaje) a
modo degradado, lo cual obliga al conductor a visitar al mecánico para la
reparación.