jueves, 14 de junio de 2018

Historia del motor diésel – Parte II

En el post anterior explicamos el origen y la vida del inventor del motor diésel. Recordemos que dicho motor comenzó a utilizarse en motores estacionarios y navales pero era inviable en vehículos de turismo debido a su tamaño, peso y lento régimen de giro.

Cuando parecía que la aplicación de estos motores estaba sentenciada, llegó la inesperada y misteriosa muerte de Rudolf Diesel en 1913. A partir de entonces su invención comenzó a ganar popularidad y, con ello, se propició su desarrollo. Sin embargo, el uso de estos motores en vehículos de turismo siguió sin ser factible por una decena de años.

La solución a dicho problema llegó en 1922 a manos de otro gran nombre: el técnico alemán Robert Bosch. Este aprovechó la evolución de las tecnologías de producción y sus elevados conocimientos sobre las bombas de aceite para crear un sistema de inyección de combustible para motores diésel.


Robert Bosch
Este sistema proporcionaba la miniaturización y el régimen para su aplicación en automóviles. Tras diferentes ensayos, la bomba de inyección definitiva saldría de la cadena de producción en 1927 y se utilizaría de forma masiva en el sector agrario.


Años más tarde, en 1936, se fabricaría el primer vehículo de turismo con motor diésel, el Mercedes-Benz 260D, que equipaba un propulsor de 4 cilindros de 2.500 cc que equipaba un sistema con bomba de inyección en línea de Bosch.


Vano motor del Mercedes-Benz 260D
Sin embargo, no sería hasta la década de los 70 y la crisis del petróleo que esta motorización comenzaría a ser rentable en vehículos de turismo. En 1978 se produjo el primer turismo con motor turbo-diésel (Mercedes-Benz 300SD), que asemejaba su rendimiento a los de ciclo Otto y, por primera vez, suponía una alternativa real.

Dicha alternativa fue más evidente con la implementación de la gestión electrónica a la inyección, también desarrollada por Bosch en el BMW 524td de 1986 (ya con bomba rotativa), y con los sistemas de inyección directa del Audi 100 en 1989. En la década de los 90 se establecieron las primeras normas anticontaminación, lo que supuso un impulso para los motores diésel que eran capaces de superar los 1.000 bar de presión y que propiciaría dos vertientes en sistemas de inyección: el inyector-bomba desarrollado por Bosch y Volkswagen en 1994, y el Common Rail fabricado por Magneti Marelli y Fiat en 1997.

En la actualidad, y a causa del endurecimiento de las propias normas anticontaminación, los motores diésel emplean únicamente el sistema Common Rail, pues permite una mayor dosificación del combustible. También requieren en la mayoría de casos de sistemas adicionales para reducir el nivel de sus emisiones, haciéndolos nuevamente menos competitivos en el mercado al aumentar su precio de venta y mantenimiento. Esto hace preguntarnos si la historia de los motores diésel está llegando a su fin…



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